El origen asiático de los farolillos de la Feria de Abril

El origen asiático de los farolillos de la Feria de Abril

Por Ignacio Cáceres Dastis

La Feria de Abril de Sevilla está marcada por una serie de objetos, tangibles e intangibles, que simbolizan el espíritu de la fiesta. Los trajes de gitana, las sevillanas, las casetas, los coches de caballos y la portada del Real son muchos de ellos. Sin embargo, los farolillos pueden encabezar perfectamente esa lista de muestras representativas de la Feria.

Pero, ¿cuál es el origen de los farolillos?, ¿por qué empezaron a utilizarse?, ¿por qué se ideó ese adorno? Las respuestas no son ningún tipo de misterio. Simplemente hay que buscar un poco en la historia para encontrar la explicación. Todo es más normal de lo que parece.

La realeza en Sevilla y los primeros farolillos

Cuando la Feria de Abril arranca en 1847, la estética del Real iba un poco por libre. Es decir, el recinto se montó sin un criterio fijo. Algunas personas utilizaban ornamentos militares para adornar sus casetas, otros acudían al mundo árabe para inspirarse, pero lo cierto es que no había unidad. Esa improvisación en las casetas se extendía a las calles del Prado de San Sebastián. Sin embargo, todo cambió allá por 1877 con motivo de la visita de la Reina Isabel II.

A partir de ese año, las autoridades hispalenses se dieron cuenta de que la Feria de ganado originaria había quedado atrás, y que el criterio estético y el adorno del Real eran necesarios. Esa idea se trabajó poco a poco y, a principios del siglo XX, el nuevo concepto fue cuajando de la mano de las tendencias costumbristas y de las influencias regionalistas que tomaban las corrientes culturales de Andalucía occidental.

A principios del siglo XX, el pintor gibraltareño Gustavo Bacarisas ideó una iluminación basada en las lámparas chinas y que dio como resultado los farolillos de papel que perduran actualmente.

De Gibraltar a Sevilla

Gustavo Bacarisas, el ideólogo de los farolillos, no solo aplicó sus conocimientos artísticos para iluminar la Feria, sino que también creó las pañoletas de las casetas, ese elemento de madera pintada que se coloca en la fachada de cada caseta. Las pañoletas y sus pinturas esconden los números para ordenar las casetas en las distintas calles del Real.

Este artista se instaló en Sevilla en 1913 y contribuyó de manera constante en la difusión del arte en la ciudad. Realizó el cartel de las Fiestas de Primavera de Sevilla de 1917. Posteriormente, empezó a colaborar con el Ateneo. En 1918 ayudó, desde la Sección de Bellas Artes, a la realización de la primera cabalgata de Reyes Magos, que fue iniciativa de José María Izquierdo. Su vinculación con la ciudad fue tal que, en 1919, solo seis años después de haberse afincado en Sevilla, el Ayuntamiento lo nombró Hijo Adoptivo.

Bacarisas pintó los paisajes de la ciudad y de los pueblos de su provincia. También se dedicó a pintar cerámicas para rótulos de comercios y a la decoración del pabellón Real y el pabellón de Argentina de la exposición Iberoamericana. Murió en Sevilla en 1971. Su contribución a la ciudad se inició con los farolillos y poco después ya fue eterna.

1 comentario


  1. Virginia

    Qué interesante,conciso, claro y sin florituras.fácil de leer y de retener en la memoria

    Respuesta

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